En el PRD…


En el lugar se repartían los platos con carnitas. Yo traía puesto mi sombrero de gabardina kaki, luciendo como una versión posser de dandy suburbano. Bebí un trago de mi agua de lima con chía. Era uno de los días más calurosos que nos traía la primavera de este año y todo mundo se queja del calor; excepto yo, que prefiero las bermudas a las botas con funda de borrego, como prefiero la playa a la neblina de las montañas (Hace tiempo dejé de ser un romántico). A todos se les perlaba la frente con las gotas de sudor. Uno de ellos era un viejo político de carrera. Lo conocía desde hace seis o siete años. Entonces era de los únicos siete diputados de oposición en un mar de veintiún priístas. Como legislador, gris; como sujeto, nunca le conocí virtudes, aunque alguna debe tener. Eso lo decidirán sus amantes o su restaurantero. Pero estaba ahí, comenzando a charlar conmigo y algún mérito le arrogué. El olor del cerdo confitado inundaba el pequeño patio. Me moría de hambre. El político comenzó a hablar.

Se encargó de vituperar a la izquierda. Él, reaccionario, acudía a sus fobias. El hambre no me dejaba escucharlo muy bien. Yo le decía “Sí, claro, cuánta razón tienes”. Y él insistía: “Los del PRD bla bla bla”, enrollando sus palabras en un discurso majareta. Luego dijo algo que me devolvió la cara. Quité los ojos del plato de carnitas y los puse en su rostro gordo y sudoroso, escondido tras unas gafas de sol. Dijo: “En la izquierda hay puro mercenario”. Yo, aunque comunista respondón, preferí no contestarle; es que, tal vez, ¿quiso decir “en el PRD…”?.

Sí, ya se sabe que ese partido es como un cascarón sin fondo. Construido sobre bases aparentemente solidas, le han robado hasta los cimientos. O es que, más bien, se construyó sobre fango y mentiras ¿O se lo habrán devorado las plagas? Como sea, lo que queda de él ya sirve para muy poco. Decidí que el político tenía razón, en ese supuesto. Aunque “la izquierda” es distinta. Ella es una utopía inmaculada, casi una virgen. Yo me reservé mi opinión. Tomé le plato de carnitas y empecé a comerlas. Mi agua de lima con chía, se acababa y tiré el vaso en el basurero. En fondo yacía buena parte del PRD.

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Tal vez en La Habana


¿Qué habrá motivado al poeta Ignacio Rodríguez Galván a morir en La Habana? ¿Serían sus constantes versos en contra del régimen mexicano? ¿Lo habrá arrastrado la excitación por una mujer? ¿O simplemente lo atajó el exilio, como ya era una costumbre entre los grupos liberales? Sus biógrafos aseguran que la fiebre amarilla lo mató apenas desembarcaba; pero, ahora que yo mismo deposito uno de mis pies al centro de la capital cubana, mientras el otro sigue plantado en este terruño preapocalíptico llamado Tizayuca, me doy cuenta que pudieron haber sido cualesquiera.

El aire habanero pinta el cielo con colores tan profundos, que al verlos es difícil escapar. Sólo otros amores nos hacen abandonar este paraíso al pie de las Antillas y regresar al asfalto, donde más de tres veces quedó embarrado el corazón. ¿Tiene caso hacerlo? ¿Abdicar? ¿Dejar el mar yregresar al valle marchito? Quizá Rodríguez Galván, en su lecho de muerte, con el cuerpo destrozado por la fiebre de la colonia española, a pocos años de que el héroe José Martí independizara la isla, pensara por última vez en las calles empedradas y polvosas de su Tizayuca, vuelta entonces una mínima ración del Valle de México, parte de todo y de nada a la vez. O, tal vez al contemplar el mar cristalino que rodea al malecón y los fuertes habaneros, no volvió a pensar más en los pirules, los magueyes, los cerros cubiertos de vaina y las tórtolas cantando alrededor de esta tierra. Aunque, sólo quizá, fue esa nostalgia la que lo abandonó ante la muerte.

Pienso que, a diferencia del poeta, yo no he de morir en La Habana. Como mi abuela, creo que he de ser arrastrado con los pies de frente de la casa de mi infancia cuando cumpla los cien años de edad, en este disímbolo, suburbano y caótico Nuevo Tizayuca. Entonces, es posible que añore los tejados y éste balcón a la vera del Centro Habana que me inunda con sus pequeñas puertas blancas de madera, mientras observo a los maniceros cargando sus cucuruchos con una mano y con la otra el Granma de hoy, viniendo como estelas desde la calle Obispo. Llevaría en el alma todos mis recuerdos y sentiría sobre ella la última brisa del cielo abierto que tantas veces quemó mi frente cuando de niño jugaba fútbol. Entonces podré cantar como el poeta: “Pienso que en tu recinto / hay quien por mí suspire, / quien al oriente mire / buscando a su amador. / Mi pecho hondos gemidos / a la brisa confía. / Adiós, oh patria mía, / adiós, tierra de amor.”

México, un grito a tiempo


El mundo debe saber que México es una República moribunda, herida, que sangra por todos lados. Pero también que aquí existe una inmensa mayoría que “estamos hasta la madre” de la violencia que, en general, es la consecuencia de casi un siglo de degradación política y cultural.

Aquí, las balas del narcotráfico se combaten con otras balas federales, y en medio, en tanto, nosotros luchamos para que no nos termine de llevar la chingada. Por eso, la segunda marcha por la paz y contra la “guerra” (perdida) del Gobierno Federal hacia el crimen organizado convocada por el poeta Javier Sicilia, llama a reconocer que estamos ante la última oportunidad de salvar la Nación. Porque todos los días nos matan a los vecinos, a la familia, al camarada. Porque cada día nos matan, y al Presidente parece valerle madre. De modo que si algo se ha de lograr para parar la masacre, será posible desde la voz harta de la ciudadanía. Y que sobre el tema, de por sí jodido, se están diciendo muchas mentiras con tal de tener al Ejército en las calles. Y que sobre la estupidez, el radicalismo. Porque el activismo que ha cubierto esta causa justa y necesaria le ha advertido al Gobierno que si no para de inmediato el derramamiento de sangre, producido en buena medida por la impunidad y corrupción con la que actúa el sistema judicial y militar, habrá resistencia civil, y de por medio, la caída de Felipe Calderón.

Por la paz, habrá muy pocos que no apuesten en México. Los abuelos miran sorprendidos la degradación de los esquemas sociales y culturales que se dieron por sentados en el siglo XX. Pero la tierra se revolvió y brotaron frutos amargos. Ahora ellos son los primeros en preguntarse ¿Qué carajo le pasó al país?

Hay días de miedo y frustración. De pronto, una noche tranquila puede ser cubierta de fuego. Si acaso sólo nos tiene aquí el patriotismo. Si acaso la esperanza…

Pero, ¿esperanza? ¿¡Esperanza!? ¿Quién tiene esperanza en el fondo de ésta nación carcomida? Javier Sicilia, tal vez. Mi corazón, los recuerdos… Pero vuelvo la cara a la calle, y ahí la realidad me golpea. Cunde la miseria. Nos agobia la desesperación. La vida se diluye en un plato de sopa que fue comprado a cambio de la dignidad. Y ahí queda mi esperanza. Tendida en la banqueta junto al cuerpo humillado de una víctima y en los ojos perplejos de los hijos. Ese es ahora mi País. Y si este movimiento por la paz no es capaz de recuperarlo, entonces, sí, no lo ha de salvar ni la esperanza.

albertobuitre@myopera.com

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Cruzada por Bin Laden y Juan Pablo II


Ahora mismo el mundo es testigo de una cruzada mediática para proteger al imperialismo internacional. Desde los núcleos más prolijos del establishment occidental, se atiborran los diarios, la televisión y la radio de coberturas sobre la presunta muerte de Osama Bin Laden, por un lado, y por otro, la beatificación de Juan Pablo II. No obstante, frente al juego maniqueo de los medios que otorgan amplísimos espacios de su espectro a difundir tales hechos, valiéndose de interminables enlaces con corresponsales, mesas de debate y recuentos videográficos, las redes sociales –una vez y tal parece que para siempre-, han sido decisivas en el contraflujo informativo.

Aún no había salido el presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, a ratificar el presunto asesinato del terrorista Osama Bin Laden, cuando se difundieron los nombres de los responsables de la filtración del operativo militar en Abbottabad, Pakistán que diera con el líder de Al – Qaeda.

El primero de ellos fue el pakistaní Sohaib Athar, quien a través de su cuenta en Twiter @ReallyVirtual, relató por la madrugada de antier los bombardeos y sobrevuelos de helicópteros estadounidenses sobre la casa de seguridad de Bin Laden. Convirtiéndose en una fuente de primer nivel, Athar contradijo las versiones oficiales de Washington sobre la pulcritud de su aventura. El twittero publicó: “Por cierto, Barack Obama dijo en su alocución de ayer, que no hubo víctimas ni civiles ni militares. Ahora resulta que sabemos que murieron por lo menos cinco personas que acompañaban a Bin Laden, y que ‘fuego enemigo’ tumbó un helicóptero. ¿Entonces?”

La segunda filtración provino del jefe de personal del ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, Keth Urbahn quien escribió “Me ha dicho una persona de renombre que han matado a Osama Bin Laden. Coño”. De modo que las cadenas televisivas en Estados Unidos y el mundo comenzaron a especular sobre el asunto y a llamar a sus fuentes quienes, por su parte, aceptaron estar en la vía del suceso, mucho antes que se diera el anuncio oficial por parte del Presidente Obama.

Así mismo el massmedia juega un papel determinante en ocultar las verdades detrás de la beatificación de Juan Pablo II, la cual comenzó a ser duramente criticada en redes sociales, gracias a la voz de teólogos y activistas católicos que pintaron al Papa de un oscuro color púrpura por casos como su protección al pederasta y sacerdote, Marcial Maciel.

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Meditación de las siete palabras


Meditación rebelde de las siete palabras expresadas por el mártir del Gólgota, antes de morir:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”: El Maestro del Amor, en lo alto de la cruz, herido de muerte, clama al cielo por el alma de aquellos y aquellas que lo han elevado en el madero, donde solo los peores criminales de Judá deberían estar, es decir, los condenadores mismos.

ORACIÓN: Agonizaste en la Cruz para pagar con tu sacrificio la deuda de sus pecados, y abriste tus divinos labios con la promesa de alcanzarles el perdón de la divina justicia: no tengas misericordia de todos los sacerdotes y malos gobernantes. Derrama para el pueblo pobre tu salvación, remedia el dolor tan intenso de los pecados sociales, que expiren con él en el regazo de tu infinita misericordia

“Hoy estarás conmigo en el Paraíso”: En lo alto de la cruz, martillado con óxidos alambres junto a dos criminales acusados por la ley de La Torah, uno de ellos voltea la cara al Cordero y clama misericordia para su carne y su espíritu mutilados. Y en un acto de profundo amor, el Maestro de los desposeídos pronuncia estas palabras asegurándole a aquel que llora a su costado, no sufrir más a causa del mundo y su corrupción.

ORACIÓN: Agonizaste en la Cruz y con tanta generosidad correspondiste a la fe del preso político, cuando en medio de tu humillación redentora te reconoció: no tengas piedad de todos los hombres que los han condenado a morir injustamente: Aviva en el espíritu de los luchadores sociales, presos de la oligarquía y el imperialismo, una fe tan firme y tan constante que no vacilen ante las sugestiones del enemigo.

“He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre”: El Maestro humanitario concede a su discípulo amado una madre y a la madre un discípulo solidario, en un acto de fe derriba los muros del patriarcado. Paraíso de amor, diversidad y reconocimiento a sus derechos contra la cúpula eclesial que se empeña en negárselos, tanto como por la redención del confesionario como por las vías constitucionales en las que quiere interferir aliado al oscurantismo del Partido Acción Nacional. El maestro y sus discípulas, feministas crucificadas en el madero de la inquisición del siglo XXI.

ORACIÓN: Agonizaste en la Cruz y, olvidándote de tus tormentos, les dejaste con amor y comprensión a tu Madre dolorosa, para que en su compañía acudieran siempre a Ti con mayor confianza: no tengas misericordia de todos los hombres que imponen a las mujeres las congojas de la muerte. Aviva en el corazón de las feministas una firme esperanza en los méritos infinitos de tu preciosísima sangre, hasta superar así los riesgos de la eterna condenación eclesial, tantas veces inmerecida por pecados que nunca cometieron.

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”: El Maestro de la Rebeldía clama por aquel y aquellos que le abandonan en su soledad interior. Las heridas que lo mantienen en el cadalso no son más profundas que la oscuridad que entonces habita en su corazón, traicionado por quienes han jurado hipócritamente consagrarse a él y a quienes los tribunales les acusarán por pederastas, corruptos, traficantes de conciencias – pervertidores de almas, políticos represores de los pueblos; torturadores de la Palabra, demoledores de los templos

ORACIÓN: Agonizaste en la Cruz y tormento tras tormento, además de tantos dolores en el cuerpo, sufriste con invencible paciencia la más profunda aflicción interior; no tengas piedad de todos los hombres que agonizan bajo tu condena y la de la sociedad y concédeles que sufran con impaciencia todos los sufrimientos, soledades y contradicciones de una vida que nunca fue en tu servicio.

“Tengo sed”: Expirando, el Maestro de los banquetes ruega por agua, cuando ni ésta ni sangre le quedan ya en el cuerpo. Contrario a ello, sus asesinos le acercan una esponja con hiel. La hiel de la represión que le dan cuando tiene sed de justicia. La misma que le conceden a los disidentes, los que luchan por su tierra, los que piden vivienda digna: una esponja llena de gas pimienta y la fuerza del Estado para saciar su necesidad de vivir.

ORACIÓN: Agonizaste en la Cruz, y no contento con tantos oprobios y tormentos, deseaste padecer más para que todos los hombres se salven, no tengas piedad de todos los hombres que están agonizando por la culpa de sus toletes.

“Todo está consumado”: Henchido de dolor, el Maestro de la resistencia desfallece. Así, mira hacia el horizonte y expresa la finitud de su obra, que es la misma injusticia de aquellos que así terminan sus sentencias podersas e impunes contra quienes no lo merecen.

ORACIÓN: Agonizaste en la Cruz, y desde su altura de amor y de verdad proclamaste que ya estaba concluida la obra de la redención, para que el hombre, hijo de ira y perdición, venga a ser hijo y heredero de Dios; no tengas piedad de todos los paramilitares y militares que están agonizando por la sangre de gente inocente.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”: El Maestro de los buenos ejércitos, muere. Antes que eso le suceda, clama al Padre tenga piedad de su espíritu quebrado por días de tortura. En ese instante de oscuridad, muchos piden al cielo mismo un poco de misericordia antes de morir injustamente, en manos de quienes les mutilan.

ORACIÓN: Agonizaste en la Cruz, y aceptaste la voluntad de tu eterno Padre, resignando en sus manos tu espíritu, para inclinar después la cabeza y morir; no tengas piedad de todos aquellos que no la tuvieron con los sufrientes de los dolores de la agonía capitalista, y murieron desaparecidos por su impunidad.

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La virtud de Granados Chapa


Escuché decir al comunicador José Carreño Carlón en su programa “Agenda Pública” que el periodista Miguel Ángel Granados Chapa usa argumentos a conveniencia para juzgar la confrontación entre Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego contra Carlos Slim. Por supuesto los juicios del ex vocero de Carlos Salinas de Gortari vertidos en el canal Foro tv de Televisa obedecen a los intereses de la casa mediática que lo acoge. Pienso, aún más, que la postura de Carreño es la misma adoptada en protección del aparato oligárquico que defiende. En ese sentido no se le podría negar que es congruente con su mercenarismo; sin embargo, me sigue sorprendiendo la capacidad que tiene su cinismo para crecer como pretexto de la ignorancia.

A propósito del anuncio de MVS para ofrecer banda ancha de internet en mayor proporción de la oferta tradicional en algo que las y los analistas han bautizado como el “efecto Dish” porque replica la intromisión de Slim en la dominación de Sky-Televisa en el mercado de la televisión privada, Carreño Carlón dijo: “Al parecer hay alianzas que son buenas y hay alianzas que son malas”, aduciendo las criticas de Granados Chapa a la fusión Azcárraga-Salinas, infiriendo a la audiencia que quienes están contra el duopolio es porque están con Slim o con MVS o con ambos, y, en consecuencia, son parciales. Mentira.

O es que lo que molesta realmente a Televisa, en la voz ocasional empleada de Carreño Carlón, es que el tiempo y la verdad -que cae por su propio peso-, le han dado la razón Granados Chapa sobre la compra de Iusacell por parte de Televisa, lo cual, en febrero, le valió ser atacado groseramente por otros mercenarios televisos como Carlos Marín del diario Milenio.

Bastaría con asomarse a Twitter para admirar el reconocimiento de la opinión pública a la razón de Granados Chapa en el caso, que el jueves se convirtió en Trend Topic en México, como también ha sido la insolencia del Acuerdo para cobertura informativa de la violencia impulsada por Televisa y sus aliados.

En resumen, pienso que si algo ha resultado de la controversia es la muestra del dicho: “La primera virtud es frenar la lengua, y es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse”, que refuerza la sólida trayectoria de Miguel Ángel Granados Chapa frente a la vileza de Azcárraga y Ricardo Salinas.

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